El glaucoma es una enfermedad "silenciosa", conocida como "el ladrón de la visión", que afecta de forma directa al nervio óptico, debido al aumento de la presión intraocular por falta de drenaje del humor acuoso.
De no detectarse a tiempo, puede generar un deterioro progresivo e irreversible del campo visual. En un principio, el paciente no presenta dolor, ni presenta síntomas o cambios en su vista, pero luego, puede presentar lo que se conoce como visión tubular, descrita como la sensación de ver a través de un tubo.
Para el diagnóstico de glaucoma, se realiza un examen oftalmológico completo del ojo y de la función visual. Se mide la presión intraocular mediante un procedimiento simple e indoloro llamado tonometría. Si es necesario, se le ordenan al paciente exámenes complementarios, como la campimetría y la tomografía del nervio óptico.
Por lo general, las gotas oftálmicas pueden controlar el glaucoma, pero sí está muy avanzado, es recomendable una cirugía filtrante, conocida como trabeculectomía, que permite la salida del humor acuoso del ojo, con la consecuente disminución de la presión intraocular elevada.
En última instancia, se recurre a las válvulas o implantes que tienen un tubo de silicona, que se introduce al interior del globo ocular, para facilitar el drenaje del líquido acuoso.
El tratamiento con láser Argón (trabeculoplastia láser), ayuda a las medicinas a bajar la presión ocular.
El láser Yag (iridotomía láser) abre un agujero en el iris, para permitir la circulación del humor acuoso.
En ningún caso es posible reversar el daño ya establecido y mejorar la visión del paciente.
Si contesta sí a la mayoría de las preguntas que aparecen a continuación, por favor acuda a una cita oftalmológica:
1. ¿Tiene 45 años de edad o más?
2. ¿Tiene diabetes?
3. ¿Es de raza negra y tiene más de 40 años?
4. ¿El nivel de azúcar en su sangre es alto?
5. ¿Excede su peso ideal por encima del 20%?
6. ¿Hace poco ejercicio?
7. ¿Otros familiares tienen diabetes?
8. ¿Otros familiares tienen glaucoma?





